martes, mayo 31, 2005

El camino, la resurrección y la vida



Que la muerte del mensajero no destruya su mensaje, ni la partida del peregrino finalice su camino, morir por la vida y luchar por la paz.

La congoja del mundo católico, y de muchos más, es inmensa en estos días. Ha partido un líder, un ejemplo de vida cristiana, de amor al prójimo y consecuencia, Juan Pablo II.
Luego de veintiséis años de Pontificado, dos atentados, y un sin número de enfermedades, deja la vida en la tierra para presentarse con plena felicidad, como dijo en sus últimas palabras, frente a Jesús con la infinita paz que entrega haber cumplido la tarea.
El pan, la paz, la libertad y la vida fueron los pilares de su lucha incansable. Y así fue, en tiempos de cólera y violencia lucho con inclaudicable fuerza por la paz. También lo hizo por el pan de los más pobres y necesitados por que para él, estos no podían esperar. Ante las violaciones y dictaduras que encerraron a muchos se presentó como una roca bajo la lluvia, defendiendo la libertad y la vida a toda costa.
Y lo más valorable de su actuar es que la batalla no la dio desde su escritorio, no a través de una carta, sino que en el mismo campo de batalla, muchas veces en la línea de fuego, muchas veces en territorio enemigo. Siempre caminando y sembrando camino, siempre misionando y dejando su mensaje.
Pero por muy hermoso y bondadoso que sea la ruta, de nada vale si nadie transita por ella. Ni es necesario un mensaje al que se hace oídos sordos. Que la admiración por la vida y la tristeza por la muerte de Karol Wojtyla no se quede en un millar de lágrimas domingueras ni en un millón de portadas. Eso no nos servirá en tiempos de cólera y de prisión, no dará frutos frente a la llegada del hambre y la sangre.
El homenaje más grande que se le puede hacer la Papa es seguir su camino, luchar, sin perder la fe ni en los momentos más oscuros, por
la paz, el pan, la libertad y la vida. Y no con aviones ni cañones, sino con la misma armadura que el nos enseño y que, como dijo en nuestro Chile, es la más fuerte de todas, el amor.
Que la muerte del mensajero no destruya su mensaje, ni la partida del peregrino finalice su camino. Por que la mayor dicha del misionero está en que muchos escuchen su mensaje. Y la más grande felicidad del peregrino es que su camino se llene de huellas.
Honremos a este hombre siguiendo el camino al que nos ha invitado durante veintiséis años, el de la esperanza, la paz y la libertad. Camino que no termina con su muerte, camino que sólo tiene un fin, y no es en este mundo, el de la resurrección y la vida.

3 Comments:

Blogger Luis Ignacio (Nacho) Durán said...

que feo, nadie comenta estas cosas o solo el mio no es comentado por nadie?.

3:36 PM  
Blogger janisima said...

Nadie comenta estas cosas. A menos que obligues, o que sea otra persona que tenga blog.

No sé si Juan Pablo II fue tan Santo, pero fue consecuente al menos, eso sí, hasta el final...

Prefiero chorrocientas veces al Padre Hurtado, ojalá escribas algo de él...

Visita mi blog http://www.janisima.blogspot.com

5:58 AM  
Anonymous Anónimo said...

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»

2:03 AM  

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